jueves, 1 de mayo de 2008

La despedida de un costalero

Encontré este documento en uno de los boletines de la Hermandad hispalense de Los Javieres. El autor es Gary Bedell, canadiense de nacimiento y sevillano de adopción y de corazón, ha sido costalero durante unos quince años que ha repartido entre las hermandades de Los Panaderos y Los Javieres.

Me ha parecido muy interesante el testimonio que aporta y aquí os lo traigo para que lo disfruteis... Y si quereis ahondar un poco más en la biografía del autor del texto pasaros por aquí y por aquí.


"Un Ex Costalero"


Hay una cierta finalidad, seca y a veces brutal, en este primer momento cuando una persona utiliza el prefijo "ex" para referirse a si mismo, como ex jugador o ex marido. A mi siempre me han llamado ex comisario adjunto de Canadá en la Expo. Pero lo cierto es que tuve bastante miedo cuando iba acercandose el día de convertirme en un ex costalero. Mis 15 años en Sevilla están marcados de una manera innegable por mi vida debajo de las trabajaderas. No conozco ni una Semana Santa en Sevilla sin ser costalero. El hecho de formar parte de la cuadrilla de costaleros del Cristo de las Almas llegó a
representar el aspecto más importante de mi sevillanismo. Sin duda esa gran suerte ha contribuido mucho a mi felicidad en los últimos años.
Pero, no os creáis que siempre haya sido fácil. Desde 1992 en los Panaderos había personas, aunque siempre una minoría, que no aceptaban que un canadiense tuviera un protagonismo en la Semana Santa de Sevilla. Como resultado directo de este rechazo llegue a los Javieres, a la manos de mi querido amigo Eduardo González Liñán y aquí encontré una gran familia. El cariño de todos vosotros desde el primer año y vuestro apoyo incondicional a todos mis proyectos, en especial la invitación a los Bomberos
de Nueva York, fueron como agua de mayo para un alma con tanta sed de encontrar un sitio en el mundo. En esa familia exendida que es la hermandad de los Javieres tengo mis mejores amigos, aunque algunos como mi hermano Manuel Jesús y mi compañero de trabajadera Jesús ya no estén con nosotros. Casi nunca pasa un día sin topar con un amigo costalero y encontrarme enseguida envuelto en un abrazo fraternal tan sincero como efímero. Que orgullo es pertenecer a un colectivo tan privilegiado. Pero es más,
la oportunidad de salir de costalero durante años me ha permitido el lujo de cumplir la promesa que hice a mi padre en su último momento de vida. Quizás nunca podría agradecer lo suficiente a la Hermandad de los Javieres y a mis hermanos costaleros por este regalo tan precioso. Por supuesto tuve miedo de dejarlo. ¿Que hijo de un padre querido no tendría miedo en las mismas circunstancias? Solo contemplarlo se convirtió en una pesadilla, exacerbada por las ganas no muy bien escondidas de algunos de ver a "el guiri" fuera ya de la cuadrilla. ¿iba a cambiar mi relación con Sevilla?. ¿Iba a romper mi lazo espiritual con la memoria de mi padre?. Había muchos motivos para tantas lágrimas
al recoger el paso del Señor el Martes Santo pasado. Ya no volveré a conocer esa mezcla de olor y alegría que solo puede entender otro costalero. Nunca volveré a poder quitar el mono de la madera, algo que afecta a todos los costaleros, con el primer ensayo del año. Nunca volveré a sentir la mano invisible de mi padre aliviando el dolor en los momentos más difíciles. Nunca volveré a gozar del calor humano por estar arropado por tantos amigos de buen corazón mientras escuchamos una saeta desde abajo, todos recordando a un ser querido. ¿Ahora entendéis porque?.

Pero a pesar de tanto miedo, no ha sido como yo imaginaba. En los meses desde mi despedida, tan emocionante como memorable, he aprendido unas verdades que quiero compartir con todos vosotros. En realidad nada ha cambiado desde entonces. Me siento más sevillano que nunca. Vivo cerca de la Calle Feria y sigo pasado todos los días para saludar a mi Cristo. Todo sigue igual. El me espera con los brazos abiertos y con esa inclinación de la cabeza tan llena de comprensión y de compasión. Antes de salir
en uno de mis viajes tan frecuentes dejo una vela encendida en frente de la capilla. Incluso estando fuera de Sevilla pienso en Él en los momentos más complicados y solitarios. Encuentro alivio sabiendo que mi Cristo de las Almas me esta esperando.
Creo que puedo dar por bien cumplidas mi promesa a mi padre después de tantos años y tantos kilómetros.

Me da alegría pensar en las Semanas Santas que me quedan. Claro las veré desde otra perspectiva, pero estaré cerca de mis amigos costaleros, de mi Cristo y en el seno de mi Hermandad. Quizas soy excostalero pero nunca dejaré de llevar a mi Cristo en mi corazón. Algún día será Él que me lleve a hombros y bendito sea el momento pero mientras tanto espero compartir muchas Semanas Santas con vosotros y como hermano orgulloso de la mejor Hermandad de Sevilla.

Con profundo agradecimiento, un abrazo fuerte a todos



Gary Bedell, ex costalero y Javier por toda la vida.



Faltan 339 días para el Domingo de Ramos.

1 comentario:

Javi Barea dijo...

Como bien dice nuestro amigo Gary , somos unos privilegiados por estar tan cerca del señor y de nuestra bendita madre, y admas es una verdad como un templo que nadie salvo nosotros mismos podrá entender nuestra devocion y nuestras ganas de oler a madera bajo un paso . Tambien es impresionante que una persona foranea haya entendido tan magnificamente el ser costalero-cofrade con el inri de que una vez jubilado de costalero no se plantea una semana santa sin estar cerca(dice en el seno) de su hermandad, bien de nazareno , de acolito etc, un ejemplo a seguir el de Gary.